Mis tranquilas reflexiones
La letra chica
El término “letra chica” es por todos conocido y tiene una connotación clarísima, en términos comunicacionales.
Se trata de la parte menos atractiva de la oferta publicitaria. Aquella que dice relación con las restricciones de la oferta, de la parte que conviene obviar para no restarle efecto al mensaje.
El término se adoptó considerando los cuerpos de letra, (tamaños de letra que se usan en imprenta), y que están normados. El tamaño de lectura habitual es cuerpo diez o doce. Si bajamos al cuerpo seis ya es poco legible, menos para los piticiegos, entre los cuales me cuento. Si reducimos más el cuerpo, ya no hay caso sin el apoyo de una lupa. Muchos consumidores hemos pasado por la triste experiencia de hacer válido un seguro, y darnos cuenta que según la letra chica (que tiene tamaño de pulga y que no leímos, culpa nuestra), no se dan las condiciones para hacerlo efectivo.
Pues bien, en publicidad radial estamos frente a un fenómeno equivalente a la letra chica del medio publicitario visual. Y ya está siendo cada día más frecuente, lo cual, creo, merece atención, porque el asunto no huele nada de bien.
Como se habrán dado cuenta, el texto publicitario radial, se desarrolla a un ritmo normal, con todo el formalismo y los matices que lo hacen más atractivo y convincente. Luego viene una jerigonza, es decir, se acelera la grabación al punto que no se entiende nada del final del mensaje. Supongo que es la parte legal o de restricciones, la cual, creo, es lo que se debe entender con mayor claridad.
Creo recordar que fue la publicidad de bancos o de capitales, la que inició esta mañita engañosa: se cumple con el requisito, pero, de hecho, no es posible captar el mensaje. Es decir, ofrecen algo en condiciones engañosas y poco claras.
Veamos ahora la parte legal, o la deficiencia en la normativa que permite esta irregularidad.
Por un lado, está el Comité de ética y regulación publicitaria, al cual se encuentran sometidas, un poco a la fuerza, las agencias de publicidad, con un compromiso ético de velar por el bienestar social.
Es decir, no engañar, no falsear, no dañar, decir “la firme” mediante la información.
Por otra parte, en la relación entre productor y consumidor, existe una normativa legal para la protección de estos últimos, en caso de ser afectados negativamente, vulnerando sus derechos. (SERNAC).
En estos casos, se puede llegar a establecer una compensación justa para el consumidor, cuando ha sido víctima de una publicidad engañosa. Ha habido casos que sientan un precedente, pero el costo de la compensación, para el productor, normalmente ha sido menor que las ganancias obtenidas mediante publicidad engañosa.
Al parecer, todo está claro, pero igual se siguen trasmitiendo aquellos avisos de radio mencionados al comienzo. No tengo constancia si los mecanismos legales son a tal punto efectivos y simples como para acoger un reclamo al respecto. Si no es así, pues deberían serlo. Por ahora, me dejaría conforme si se les pega un apretón a las agencias que producen este material publicitario, y también a las radioemisoras que, por un principio ético, no debieran trasmitirlos.
Es la preocupante situación a la que hemos llegado, en la cual todos nos quieren vender algo, producto o servicio, a como dé lugar.
Hace poco tiempo. Visitando una exposición de arte en la zona conocida como “Sanhattan”, una colega y amiga levantó la vista hasta un edificio de oficinas empresariales y me dijo: ¿…te puedes imaginar la cantidad de ingenieros comerciales y publicistas que están, en este momento, maquineando todas las estrategias posibles para podernos vender cualquier pomada…?
Pues traté de imaginarlo y, la verdad, me dio miedo.
Romelio Cacheteo Smith
De Romelio Cacheteo Smith: Este desconocido escritor, mejor dicho, quién se esconde tras el seudónimo Romelio Cacheteo Smith, es nuestro amigo Enrique Muñoz Abarca, 75 años y avanzando cada vez más rápido. Profesor de Estado en Artes Visuales, diseñador gráfico y grabador por formación académica, músico por oficio, ex fondista por amor al sacrificio, versador en décimas y cuentista por una especie de vicio y mentiroso sin prejuicio ni perjuicio, según mis amigos ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario